La injusticia de la justicia y la maldad una mezcla grotesca en España

La injusticia de la justicia y la maldad una mezcla grotesca en España Ilustración: Uncas Montilla


En días pasados me contaba una pareja amiga de su aventura y desventura con la justicia española. De cómo se vinieron con sus hijos hasta este país engañados. De cómo su situación de inmigrantes irregulares se convirtió en caldo de cultivo para las bajezas de empresarios sin escrúpulos… y el colmo, llenos de maldad y ensañamiento. De cómo todo un pueblo de 12.000 almas a las afueras de Las Palmas se hace cómplice, por acción u omisión, de una injusticia.

Estos conocidos cayeron inocentemente en manos de un explotador. Trabajaron para él por más de un año… 10 horas diarias todos los días del año, incluidos sábados, domingos y feriados. ¿La paga recibida? 300€ mensuales (en efectivo y sin constancia alguna), el alquiler del piso (300€ más que pagaba el empleador directamente) y los servicios de éste que no sumaban los 100€ más. En total 700€, para hacer las cuentas fáciles, por los dos… no cada uno, nooo, eso sería demasiado dinero para este patrón, por los dos… diríamos que 350€ cada uno.

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Recibieron por un año y un mes de trabajo poco más de 8.000 € ¿Cómo pudo sobrevivir una familia con tanta abundancia de escasez? Este despreciable ser se estaba ahorrando mensualmente en salarios más de 1000€ y en seguridad social por sobre los 300€ a costilla de la necesidad y la tranquilidad de una familia con niños. Si lo multiplicamos por el tiempo la suma total llega a los 17.000€. Después nos damos golpes de pecho por la “esclavitud a la que son sometidos otros pueblos”, cuando la tenemos justo frente a nuestras narices y no hacemos nada. No hiede pero no la quitamos del medio, solo nos tapamos la nariz y miramos para otro lado.

La necesidad, el desconocimiento, el creerse sin derechos, la amenaza constante de ser denunciados y la inocente creencia de que le estaban haciendo un “gran favor” y que todo el mundo es bueno les impidió acudir a la justicia. En un momento de esta historia los maltratos y las ganas de dar un giro a su situación les llevo ante un juzgado para demandar a su empleador y exigirle el dinero que por su trabajo merecían, les correspondía.

Pero la inocencia les perseguía. Como dicen los abogados “no basta tener la verdad, hay que demostrarla”. Sin comprender mucho esto, poniendo al descubierto su situación irregular ante las leyes y cargando solamente con la verdad y dos testigos fueron a juicio. El usurero ni se presento. Mandó a su letrado con un montón de testigos (amigos, familiares, vecinos de toda la vida y relacionados comerciales de éste) y “pruebas” a burlarse de la justicia. Testigos dispuestos a mentir y pruebas burdamente armadas en último momento para demostrar su engaño.

Pero más pudo el la cantidad de falsedades dichas y los argumentos rebuscados e increíbles que la verdad. La sentencia fue clara, no dejó dudas de que esta familia estaba de algún modo intentando perjudicar a este “honrado empresario español” y que no era procedente. Que al parecer había habido alguna relación laboral en algún momento, pero todo muy vago, nada claro, nada definido.

Estos, ahora vecinos míos, no salían de su asombro “¿Cómo le decimos a nuestros hijos, que nos vieron trabajar durante más de un año allí, que eso era mentira, que no trabajamos, que nosotros íbamos a jugar durante 10 horas todos los días?” Diciéndoles que fue una pesadilla que vivieron y que los despertó el golpe del mazo de la justicia. “¿Cómo vamos a enseñarles a nuestros hijos el respeto por las instituciones y las leyes con esta realidad tan dura?”. Con medias verdades o medias mentiras.

Lo peor de esta historia aun no ha acontecido. Al final ellos dejaron todo así. “Que se meta su dinero por donde no le da el sol, pero que nos deje tranquilos”. La sorpresa es que ayer los llamó el descarado. ¿El motivo? advertirles que su letrado se va a poner en contacto con ellos para informarles de la demanda que va a introducir en su contra ¿Por decir la verdad y buscar justicia?. La maldad, el ensañamiento y el disfrute, el placer de hacer daño. Que pena, que asco!


Ya les contaré como termina esto. De momento no creo que la justicia de los hombres logre nada a favor de ellos. Pero confío en que la Ley Divina se haga cargo de enderezar esto caminos tan torcidos por los que escribe el destino de cada uno de nosotros.

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